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Delmira Agustini y su obra

COLUMNA DE CULTURA

delmira, delmira agustini, poetiza, crónica, vida y obra, biografía, cultura, crítica, columna, obras Repasamos la obra de Delmira Agustini / Foto: 5decadas.com

AUTORA: Sonia Otero Farías | Columnista de Cultura

Quizá lo primero que tenemos que señalar es el hecho de que Delmira escribió sus primeros poemas a los diez años, y que desde 1902 comenzó a publicar en la revista Alborada. Innegable precocidad para una joven criada tan tradicionalmente, y a quien no le faltó su bordado, su piano y sus cursos en su propio hogar.

De más parece decir que el gran tema delmiriano es el amor, un amor que aparece en forma gradual, tanto en cantidad, como en intensidad, en toda su obra, a la que podemos resumir así:

  • El libro blanco (1907).
  • Los cálices vacíos (1913).
  • El rosario de Eros (1924, póstuma).
  • Los astros del abismo (1924, póstuma).
  • Correspondencia íntima (1969, póstuma).

 

El Libro Blanco aparece en 1907, cuando Delmira tiene veinte años y todos los críticos parecen coincidir en que aquí surge el amor presentido. Siete, dentro de los cincuenta y dos poemas tienen como tema el amor.

El libro obtendrá muy buena acogida entre los críticos.

Su publicación convierte a Delmira en una de las grandes figuras del Movimiento Modernista, y vemos como una mujer muestra al mundo sus sentimientos más profundos, sin dejar de lado la perfección formal.

Y veamos ese título donde lo que debe llamar nuestra atención es el adjetivo “blanco” que nos remite a un color que es símbolo de pureza, de castidad.

El primer poema del libro, es, diría yo, el prólologo de la misma poeta a esto que será su creación literaria.

Su título, Levando anclas, ya nos da metafóricamente su lanzarse a la aventura poética, cosa que surge en forma más completa en la 1era estrofa del poema:

“El ancla de oro suena, la vela azul asciende

como el ala de un sueño abierta al nuevo día.

Partamos, musa mía!

Ante la proa alegre un bello mar se extiende”

 

Hay aquí una alegoría, o sea un encadenamiento de símbolos a través de los cuales Delmira nos da de forma luminosa su abrirse a la creación. Y vemos aquí presentes varias de las características del Movimiento Modernista: la fantasía, el uso continuo de metáforas, y comparaciones, la musicalidad del verso. Todas cosas vinculadas con los dos movimientos franceses de los que se nutre el Modernismo Hispanoamericano: Parnasianismo y Simbolismo.

Destacaría además ese optimismo luminoso de las imágenes dado por el oro, el azul, que siempre representa el ideal, el nuevo día; esto estará acentuado en los adjetivos finales referidos a la proa y al mar: alegre y bello. Vale la pena destacar esto en ese comienzo de una Delmira que no siempre se mostrará así. Pero es esta la primer Delmira, la de este Libro blanco, en el que el amor no parece ser aún una vivencia.

Y observemos los siete poemas finales agrupados bajo el nombre de Orla Rosa, pues ellos son los que contienen específicamente el tema del amor. El “blanco” del título del libro se ha hecho “rosa”, y esto es también un símbolo, pues este color es el resultado del blanco – pureza – , y del rojo vinculado siempre a la pasión tan característica del espíritu delmiriano.

Y veamos cómo aquí el amor parece ser correspondencia ideal. Dirá en una de las estrofas de Íntima uno de los poemas de esta serie:

“Y sé que en nuestras vidas se produjo
El milagro inefable del reflejo…
En el silencio de la noche mi alma
Llega a la tuya como un gran espejo.”

 

El amor surge acá en lo que parece ser una unión perfecta, dos vidas en las cuales se produjo “el milagro inefable del reflejo”.

Es un amor que surge en la cercanía de la noche como algo etéreo donde dos almas se miran.

Y el poema termina de la misma forma tenue, aunque no podemos dejar de ver las sombras:

“Como una flor nocturna allá en la sombra
Yo abriré dulcemente para ti.”

 

Observemos la comparación,  ella es “una flor” y   pensamos en lo que esta simboliza, es algo muy delicado y muy frágil a la vez, pero es “nocturna”  y estará “en la sombra”. Es importante el adverbio “dulcemente”; todo el conjunto nos da el espíritu de esa 1era Delmira –soltera aún- que no ha vivido el amor. Hay sin embargo ciertas notas oscuras que parecen presagiar la tragedia.

Y veamos ahora los dos 1eros. versos de Explosión, otro de los poemas de esta serie:

“¡Si la vida es amor, bendita sea!

Quiero más vida para amar!”

Acá el sentimiento es evidentemente y como lo dice el título, una “explosión” de alegría y una bendición de la poeta hacia esa vida presentida y esperada ansiosamente. Por supuesto que queda establecida la condición: “Si la vida es amor”.

Y veamos los versos finales del mismo poema:

“¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!”

Aquí la explosión alcanza su máxima expresión. Surge el mismo tono exclamativo de los primeros versos y una estructura anafórica –repetitiva- que da la intensidad del sentimiento. A esto contribuye la sucesión de verbos “in crescendo” que le otorgan un ritmo más rápido al verso, y esa imagen final de la vida de Delmira “como una boca en flor.”

La comparación que encierra una metonimia, pues da la parte por el todo: la boca por el cuerpo todo; y no es casual que tome la boca, pues en ella surge el erótico sensualismo delmiriano. Retoma además la imagen de la flor que aparece en el otro poema, y que nos hace pensar nuevamente en la fragilidad de la misma y su generalmente corta vida…

 

-Continuaremos con el tema en la siguiente columna-