¿Qué está pasando?

Delmira Agustini y su Obra (III)

CULTURA

delmira agustini, obra, vida y obra, biografía, autora, literatura, nacional, poemas, sensualidad, delmira El 7 de julio de 2014 se cumplieron 100 años de la muerte de Delmira Agustini

AUTORA: Sonia Otero Farías | Columnista de Cultura

Finalizamos nuestro repaso por la vida y obra de Delmira Agustini.

Los Cálices Vacíos: Es el último de los libros publicados en vida por Delmira, y se considera que con él comienza su segunda etapa creativa, pues su poesía alcanza aquí tanto en su forma como en su contenido, su mayor profundidad.

Ella lo dirá en el último poema de “De fuego, de sangre y de sombra”, que es el tercer conjunto de poemas de Los cálices, en un pasaje dedicado al lector: “surge de un momento hiperestésico y constituye el más sincero, menos meditado y más querido libro”.

Es el juicio de la propia Delmira, pero todos los poemas muestran también su máximo momento pasional, de sexua­lidad y de angustia. En ellos dirá la poeta Clara Silva, nos muestra “su doble personalidad”, es su dualidad trágica.

Como dice Gallinal uno de sus críticos: “Por caminos de sensualidad llega frente al enigma de su destino. Al enigma de la vida y de la muerte”.

El libro comienza como ya dijimos con Pórtico, el Prólogo de Darío, luego sigue un poema en francés y en seguida otro titulado Eros en el cual le dedica esta parte de su obra al dios del amor. Siguen luego veinte poemas nuevos y aquí al se reitera la aparición de Los astros del abismo; luego hay una selección de los  poemas incluidos en El libro blanco y en Los cantos de la mañana. Termina el libro como el anterior con nuevos juicios críticos sobre su poesía y con los que ya aparecieran en los Cantos de la mañana.

Y esta vez nos detendremos en la dedicatoria “Ofrendan- do el libro” y por supuesto que dadas las características de la poeta no puede sorprendernos que en ella aparezca nada menos que Eros el dios del amor, en el subtítulo:

Ofrendando el libro a Eros

Porque haces tu can de la leona
más fuerte de la Vida, y la aprisiona
la cadena de rosas de tu brazo.

Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo
esencial de los troncos discordantes
del placer y el dolor, plantas gigantes.

Porque emerge en tu mano bella y fuerte,
como en broche de míticos diamantes
el más embriagador lis de la Muerte.

Porque sobre el espacio te diviso,
puente de luz, perfume y melodía,
comunicando infierno y paraíso

-con alma fúlgida y carne sombría

El poema está compuesto por cuatro tercetos anafóricos y un verso único al final.

La anáfora dada en esos “Porqué” con los que empiezan todos los tercetos nos encabeza la explicación el porqué de la dedicatoria al dios del amor.

Y esos “porque” encierran una serie de antítesis que dan la tensión dramática del alma delmiriana:

En la primera estrofa se da lo que puede el amor que hace su perro de la leona más fuerte y lo domina de la forma más frágil y dulce pues lo hace con una cadena de rosas, pero cadena al fin, o sea que atrapa y encadena.

En la segunda es más clara la antítesis pues vemos al amor como raíz que da origen al placer y al dolor.

En la tercera siguen las oposiciones y vemos una comparación la mano bella y fuerte –otra antítesis- “como un broce de mítico diamante” de la que surge una flor de muerte. Se destaca la belleza y la fortaleza del amor, pero de él surge una flor de muerte. Vemos la dualidad, la ambivalencia del amor capaz de provocar todo lo bueno y todo lo malo de la vida.

En la estrofa final da la forma en que Delmira ve al amor y aquí su visión está dada a través de sensaciones visuales: “puente de luz”, olfativas: “perfume” y auditivas: “melodía” Todos estos elementos trasmiten la complejidad del amor, pero sobre todo lo hermoso que encierra y por lo que se hace atrayente y peligroso a la vez, pues comunica “infierno y paraíso”; lo negativo y lo positivo del amor; lo demoníaco y lo sublime.

Todos estos  tercetos de estructura anafórica, o sea reiterativa, dan en los dos primeros versos lo bello y engañador del amor y el verso final golpea con lo terrible- mente negativo del mismo.

Y en el verso final nos da como resumen y conclusión final, lo que fue el gran drama de Delmira, esa antítesis que hoy podemos decir trágica entre cuerpo y alma. Ese alma luminosa y esa “carne sombría” que no son otra cosa que aquello con lo que luchó Delmira durante toda su corta vida, porque Delmira es ese amor mismo y será esa “carne sombría” la que triunfará en ella, llevándola a la muerte.

Y como es el amor el tema dominante vemos la presencia del tú que representa al enamorado y a sus atributos.

En el poema Tu boca nos dice:

 “¡Maravilloso nido del vértigo tu boca!

dos pétalos de rosa abrochando un abismo…”

Usa allí una metáfora de segundo grado o una comparación con el término comparativo omitido donde la boca del amado es un “maravilloso nido” Acá la imagen es cálida y acogedora en su comienzo, pero en seguida nos da la idea de caída con el adjetivo frase pues es “del vértigo” cosa que aclara en el siguiente verso, pues los labios “abrochan un abismo” o sea que la sensación de posible caída se concreta en ese “abismo”.

Y el verso final confirma la caída:

“Y yo caigo sin fin en el sangriento abismo”

Podría hablarse mucho más sobre toda la poesía de Delmira, solo hablamos en general y elegimos algunos versos de algunos poemas de cada uno de los libros.

Sólo nos quedaría decir algo sobre los dos libros póstumos: fueron publicados por Maximino García diez años después de la desaparición física de Delmira, y con la autorización y revisión de sus familia. El 1ero es El rosario de Eros.

Éste comienza con Pórtico que es la introducción de Rubén Darío a Los Cálices Vacíos, sólo que ahora se llama Elogio. La edición continúa con una dedicatoria donde los padres expresan sus sentimientos de admiración hacia su hija muerta.

Luego se presentan las composiciones de Delmira, muchas de ella ya publicadas en Los cantos de la mañana y en Los cálices vacíos. Se cierra el tomo con la crónica Ante el cadáver de la poetiza.

Dentro de las composiciones hay que señalar cinco poemas que serían realmente las cuentas del collar de Eros: Cuentas de mármol; Cuentas de sombra; Cuentas de fuego; Cuentas de luz, y Cuentas falsas.

Sigue luego Los astros del abismo, un libro que Delmira anunció desde Los cantos de la mañana y Los cálices vacíos, y que al parecer le causaba placer. La vida no se lo permitió.

El publicado contiene poemas de la niñez y la adolescencia de Delmira. Comienza con un obituario, sigue con lo que se llama Juicio y contiene críticas sobre la poeta primero de Fernando Maristany y luego de Alberto Zunfelde. Sigue luego Crítica conteniendo opiniones sobre la obra delmiriana que ya habían surgido durante la vida de la poeta.