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Crítica: ‘El Gran Hotel Budapest’, un increíble mundo paralelo

CRÍTICA DE CINE

cine, crírica, el gran hotel budapest, columna, film, estreno Ralph Fiennes y Jason Schwartzman / Foto: American Empirical Pictures

AUTORA: Sofía Giambruno | Crítica de Cine

Aún sigue en cartelera la tan llamativa comedia de Wes Anderson, quien también escribió el guion inspirándose en la obra de Stefan Zweig. Como en la mayoría de sus películas anteriores, ‘El Gran Hotel Budapest’ logra en sus 100 minutos llevar al espectador dentro de su exuberante universo, ese que tanto caracteriza a Anderson.

La película transcurre en distintos tiempos y es narrada por más de un personaje; aunque no son las voces lo que más ocupa este film, sino un conjunto de elementos característicos de Wes Anderson que hacen al ‘El Gran Hotel de Budapest’ una excelente película.

Comienza en los 80’ con una adolecente y su admiración por el autor de un libro, el cual tiene en sus manos y en su tapa se ve el maravilloso Hotel Budapest. Luego vuelve atrás en el tiempo a los años 60 y nos encontramos con el escritor de joven (Jude Law) que llega al hotel y conoce a un hombre (Murray Abraham) hasta entonces irrelevante, este comienza a contarle una historia y es allí que volvemos a ir atrás en el tiempo. La trama principal sucede en la época de entreguerras, los años 30, donde El Gran Hotel Budapest estaba en su mayor esplendor.

Esta comedia detallista, tan melancólica como divertida, cobra vida a través de dos de sus personajes, M. Gustave (Ralph Fiennes) el conserje del lujoso hotel, tan elegante como hiperdinámico, y Zero Moustafa (Tony Revolori) el nuevo botones, un joven huérfano y refugiado que termina por convertirse en su amigo más leal.

Es a partir de la extraña muerte de una huésped que se desenlaza todo. M. Gustave recibe de esta señora una pintura invaluable y a partir de allí se desata una persecución policial, una batalla por la fortuna familiar, y demás hechos delirantes que llevan a que los personajes principales atraviesen lugares increíbles y vivan una historia que ni ellos ni nosotros, los espectadores, nos olvidaremos jamás.

Mientras en el contexto histórico el continente esta viviendo (o sufriendo) una fuerte transformación, en el gran y lujoso Hotel Budapest surge una amistad y una historia de amor, que aportan a la trama parte de lo que es el mundo de Wes Anderson.

El director nos trae una vez más una excelente película, esta vez con un ritmo narrativo y una intensidad un poco mayor que nos mantiene atentos y pendientes a cada cosa que va pasando. La maravillosa fotografía de Robert Yeoman, el montaje y la post producción, generan un impacto visual perfecto, y junto con la notable banda sonora en manos de Alexandre Desplat, le dan a cada momento y época de la historia su magia necesaria.

Esas sensaciones de felicidad que nos genera Anderson, no se da solo por los colores vivos y llamativos, la tan detallada escenografía, o ni siquiera por la música; sino por  una complementación de estos con todos los recursos, como los planos centrales y simétricos, los zooms rápidos y los diferentes formatos utilizados.

De todas maneras no hay que dejar que sus tan llamativas y características formas estéticas y narrativas, dejen de lado u oculto su sutil inteligencia, acompañada de una gran profundidad de sentimientos.

A todo este maravilloso mundo que Anderson genera con sus típicos recursos, no puede faltarle el excelente grupo de actores de ‘El Gran Hotel Budapest’. Si nos referimos a los personajes principales, Ralph Fiennes hace una muy buena interpretación, así como también Tony Revolori en su primer papel protagónico. Pero no podemos dejar de destacar las actuaciones del gran abanico de estrellas presentes en la película, ya que son quienes dan vida a este mundo.

Recomiendo ver esta película atentos a todo lo que se va presentando, ya que por momentos puede ser muy rápida. Una comedia divertida y conmovedora que por más superficial que parezca, puede llevarte a grandes reflexiones.

Puntuación: ★★★★★