¿Qué está pasando?

Violencia y redes sociales

La caja de pandora de la agresividad oculta

Foto: www.utadeo.edu.co/es

AUTOR: Pablo Floyd

Actualmente y desde ya hace un tiempo largo, las redes sociales forman parte del común denominador de nuestra vida cotidiana, en ella depositamos desde la esperanza de un nuevo empleo hasta la posible conquista de un viejo amor. Hoy en día atraviesan casi todas las franjas etarias y dependiendo del grado de implicación de las personas podemos identificar diferentes patrones de conducta frente a las redes sociales.

Pero lo que encontramos en las redes, y que es difícil de adjudicar a un sector en particular es el grado de violencia que se desata en los comentarios anónimos y personalizados frente a las ciber discusiones.

Podemos encontrar descalificaciones de las más varias, comentarios hirientes de todo tipo y color, limites que parecen no existir a la hora de “atacar” o “defender” una idea en una red social.

¿Entonces nos surge la interrogante de porque ésta violencia, que realmente no es la que se palpa en las calles o en las relaciones interpersonales?, ¿por qué encuentra un cobijo inmejorable para desarrollarse en internet?

A simple vista

Lo primero que se nos ocurre como hipótesis es el claro anonimato que nos ofrece el mundo de internet, pero esto no parece suficiente para explicar la avalancha de violencia interna que se nos desata a veces a la hora de confrontar ideas en la web. Además cabe destacar, que en redes sociales como facebook dicho anonimato es relativo ya que la mayoría de los usuarios utilizan sus nombres y apellidos reales.

Es entonces aparece un fenómeno que también forma parte de nuestra vida social interpersonal y que muchas veces nos ayuda en ciertos momentos en que necesitamos un empujón emocional, la desinhibición.

Internet o el mundo de las redes sociales nos producen una ilusión de anonimato y desinhibición.

 Por definición la desinhibición es el comportamiento de la persona que ha perdido la vergüenza o el miedo que le impedía actuar de acuerdo con sus sentimientos, deseos o capacidades.

Por lo tanto, si dicho miedo que hacía que frenáramos los impulsos violentos que se nos presentan en el tránsito por la vida diaria, ha desaparecido o esta invisible para nosotros en ese momento por el contexto en el cual nos encontramos, tenemos un campo fértil para expulsar todo aquello que tenemos guardado en nuestra mochila negra socialmente mal vista, llámese sentimientos discriminatorios, angustias, agresividad de cualquier tipo, y muchos etc.

El problema con esto es que se nos hace difícil darnos cuenta que las redes sociales de alguna manera forman parte del todo gregario en el que vivimos y que esas fotos de perfil y esas letras o comentarios que aparecen pertenecen a una persona real que está del otro lado de la pantalla.

También y para ser consecuentes con nuestra idea editorial del consultorio, vamos a dedicar unas líneas a aquellas personas cuya realidad escapa o dista un poco de una simple descarga o inhibición y se ubican en el campo de la patología.

Es así que encontramos a quienes utilizan las redes sociales con el único fin de agredir o generar violencia en las mismas. Dichos actores son llamados “Trolls”.

El nombre es simplemente una etiqueta, pero existen muchos tipos de personas que utilizan las redes sociales para generar violencia.

Su comportamiento es generalmente similar, suelen “irrumpir” en las conversaciones y siempre llaman la atención por encima de los demás, porque su intención primaria es precisamente hacerse notar. Para ello usan un lenguaje agresivo, sin filtrar lo que dicen, también suelen utilizar la amenaza como herramienta.

Estas personas pueden tener un trastorno antisocial en la vida real (son sádicos y narcisistas), lo que los convierte en una especie de psicópatas de Internet. Hay estudios académicos que relacionan las horas que estos individuos pasan en Internet con su falta de empatía con el mundo exterior y con las relaciones personales. Así, acaban tratando a los demás como objetos en lugar de iguales y cuando cierran la sesión no sienten ni entienden que acaban de hacerle daño a una persona. No tienen la capacidad de sentir.

Cuanto mayor es la devolución por parte de los otros usuarios, aun mayor es la actitud de este tipo de ciber nautas, es como su alimento. Si por el contrario pasaran desaparecidos, seguramente irían en busca de otra presa. Pero nunca abandonaría su conducta agresiva.

Para concluir dejo planteada una interrogante, ¿será que estamos todos tan presionados por una sociedad que quiere tirar abajo a la fuerza viejos pensamientos arraigados y se nos hace tan difícil hacerlo que recurrimos a las redes para saciar nuestra sed de verdaderos retrógrados?

Por si acaso tienen ganas de una buena batalla por las aguas de internet, hay que tener en cuenta que no somos tan anónimos y que las redes forman parte de nuestra cotidianidad, las integran, y simplemente paguemos las consecuencias.