¿Qué está pasando?

Fanatismos que matan

Entre la ideología y la patología

Foto: El Observador

Otro lamentable hecho nos da motivos para investigar sobre las actitudes y comportamientos desafortunados que podemos encontrar en nuestra sociedad y que se relacionan directamente con nuestra salud mental. Aquella salud mental que muchas veces se encuentra menospreciada y le damos menos importancia que a la salud estrictamente física.

Un nuevo hecho de sangre que involucra la psiquis y su funcionamiento: nos referimos al asesinato del comerciante judío de Paysandú en manos de quien se presentó frente a las autoridades como un religioso bajo el mando de Alá.

Evidentemente, son múltiples los caminos que pueden llevar a una persona a tomar tan equivocada decisión y no simplemente la adhesión a cierta orientación religiosa, partidaria o militante de cualquier tipo. Es claro que cuando algo atenta tan fuertemente sobre la vida de las personas los orígenes no vienen de tiempos recientes, sino que se gestan largo tiempo atrás siendo el hecho en cuestión, simplemente una consecuencia.

Claro que muchas veces este tipo de personalidades son vulnerables a que cazadores expertos en encontrarlas, las utilicen y manipulen con fines delictivos. Otras veces simplemente se topan con cierta información que les sirve de conducto y potencia una patología ya preexistente.

Ese parece ser el caso de este joven maestro de 35 años, quien tiene una reciente afinidad con el Islam y dijo haber estado llevando a cabo un mandato divino al cometer el crimen. La pericia psicológica arrojó que el joven posee un trastorno esquizoparanóico, el cual se encuentra dentro de los trastornos antisociales de personalidad.

La patología

Antes de comenzar a indagar sobre dicha patología, lo primero que tenemos que tener en cuenta es no confundir un trastorno esquizoparanóico con la esquizofrenia, de la cual hablaremos en otra oportunidad.

Repasemos brevemente la definición de trastorno que publicamos en la columna anterior, Pequeños inquietos.

Trastorno es, entonces, la acción y efecto de trastornar, invertir el orden o perturbar el sentido o la conducta de algo o alguien. Cuando hablamos del orden, hablamos del orden establecido y de alguna manera aceptado por la subjetividad de la época socio histórica en la que se encuentre dicho termino.

Dentro de los que antes mencionábamos, trastornos antisociales de personalidad, se encuentran los psicópatas o personalidades psicopáticas, que es otra de las denominaciones que se pudieron ver en los medios haciendo referencia al maestro. La personalidad psicopática, sin llegar a ser una enfermedad mental, es por lo pronto, patológica.

Dentro de esta categorización, podemos encontrar un amplio espectro y por lo tanto, grados diferentes de comportamiento, desde “el criminal”, como en el caso que nos compete hoy, hasta una persona aparentemente integrada a la sociedad, que trabaja, estudia, tiene hijos y se relaciona con su familia. Esta especie de camuflaje los hace especialmente peligrosos ya que es difícil detectar cuándo estamos frente a un psicópata capaz de cometer crímenes y delitos y cuándo no.

La característica principal de las personas con este trastorno, es que tienen una especie de anestesia afectiva, no sienten ningún tipo de culpa por los actos que cometen. Las emociones que pueden sentir son, ira (generalmente presentan episodios de ira frente a frustraciones cotidianas), tristeza y melancolía, pero nada que tenga que ver con arrepentirse de los hechos realizados.

Solo los mueve su propio interés que es obtener dominio y control sobre su entorno y las personas que los rodean, pueden llegar a simular una situación amorosa, compasión, solidaridad, ternura, una amistad, pero solo hasta conseguir sus objetivos mediante la manipulación. Cualquier estrategia es válida para conseguir el placer sádico del psicópata que es anular la voluntad del otro y demostrar superioridad y desprecio hacia su víctima, ya sea en el área laboral, personal o sexual: esta es su esencia.

Algunos manifiestan su trastorno en ciertos lugares más que en otros. Por ejemplo, dentro del ámbito familiar, donde sus parejas y sus hijos son las víctimas, siendo para el afuera personas encantadoras y amables, lo que genera una sorpresa tener conocimiento de las conductas tan distantes de la idea que se tenía sobre él o ella.

Al psicópata se lo ha denominado socialmente como el “loco moral” o “loco sin delirio”, poseen capacidad de juicio y saben la diferencia entre el bien y el mal, pero no les importa, no son capaces de frenar esos límites.

Como mencionábamos anteriormente, es complicado identificar este tipo de patologías sin que aparezca visiblemente un hecho de estas características, pero la idea es ir interiorizándonos sobre algunos detalles que podemos llegar a ver, por lo menos para estar más alertas y poder ayudar a tiempo a quien lo necesite.