¿Qué está pasando?

Hiperpaternidad: Carrera atrás de los hijos

Padres sobreprotectores

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AUTOR: Pablo Floyd

Continuando un poco con los temas relacionados con la infancia y nuestros más pequeños en sus quehaceres diarios, nos encontramos con un nuevo concepto que ha desembocado en nuestros tiempos: Nos referimos a la Hiperpaternidad.

Si bien la globalización y las redes sociales en sí mismas no pueden ser depositarias de todos los males de nuestra época, ni tampoco causas únicas de los mismos, la forma en la que nos llevan a relacionarnos desarrolla muchos tipos de conductas poco beneficiosas para nosotros y para los demás.

Estos tiempos de competencias por doquier y de necesidad de demostrar cuánto valemos y cuán útiles y capaces somos, nos llevan a proyectar los miedos y frustraciones en quienes nos rodean y forman parte de nuestro entorno más cercano. Esto sucede especialmente  con los hijos, para quienes no queremos bajo ningún concepto que repitan nuestros errores y que transiten el camino de la vida lo más cómodamente posible.

Entonces, en ese afán de protegerlos, por momentos nos pasamos un poco de la raya, por supuesto sin una intención negativa, pero al punto de obstaculizar muchas veces un camino que ellos pueden y deben hacer por sí mismos. Es allí donde ubicamos a la Hiperpaternidad.

¿Hiperpaternidad?

Este concepto comprende a aquellos padres que ejercen servicios de choferes, directores técnicos, guardaespaldas, profesores particulares de tiempo completo y, por supuesto, el mayor de los trabajos y el más gratificante para sus niños: mayordomos full time.

El padre sobreprotector, o hiperpadre, es aquel que no puede ver que su hijo tenga que soportar ni por un segundo alguna necesidad y corre al acto para cumplir su deseo sin casi cuestionamientos.

Son padres completamente estresados, no solo por la vida diaria sino también por querer construir un mundo perfecto para sus hijos, algo que claro, no existe. Acaban criando hijos agobiados que crecen incapacitados para desenvolverse solos por exceso de protección.

¿Y dónde termina todo esto?

Una de las mayores consecuencias de este tipo de crianza es sin dudas la poca o nula tolerancia a las frustraciones. Esto puede desembocar, en los casos más graves, en algún tipo de trastorno de personalidad, concepto que desarrollamos en nuestra columna sobre el crimen del comerciante judío en Paysandú.

El periodista Carl Honoré nos cuenta en su libro sobre la vida actual vertiginosa en la que vivimos, Elogio de la Lentitud, que una de las causas de la Hiperpaternidad puede ser “la tormenta perfecta en la que intervienen la globalización y un aumento de competencia que, unidos a la inseguridad cada vez mayor en los lugares de trabajo, nos han hecho más ansiosos respecto a preparar a nuestros hijos para la vida adulta”.

Complementa diciendo que “hoy queremos dientes perfectos, un cuerpo perfecto, las vacaciones y la casa perfecta y, obviamente, los niños perfectos para completar el cuadro”. A esto se le suma sin dudas el estrés que nos genera el estilo de vida actual y que transmitimos a nuestros hijos, ya que somos su más cercano y genuino ejemplo a seguir.

Como explica la pedagoga y escritora Cristina Gutiérrez Lestón en su libro Entrénalo para la vida, “toda esta falta de tiempo y de espacio para ser genera una serie de carencias emocionales en muchos niños y niñas, que no saben desenvolverse en un grupo de gente. Se sienten débiles y con un montón de  miedos”.

Dichas conductas que presentan los padres tienen una génesis que es más antigua que el mismo ser humano: el miedo.

Miedo a no darles todo lo que consideramos que merecen. Miedo a no poder conseguir que sean felices. Miedo a que sufran e incluso a no lograr esos hijos perfectos que pretendemos tener.

Es poco creíble, pero ese miedo nos lleva justamente a criar hijos capaces de generar todos esos problemas por los cuales los estamos protegiendo.

Debemos relajarnos y disfrutar de ser padres, para que ellos puedan disfrutar de ser hijos, con las responsabilidades que implican ambos casos. No hay que confundir cariño y amor con sobreprotección, ni enseñanza con no dejarlo cometer errores. No podemos enseñarles que todos los problemas tienen rápida solución, porque eso sin dudas no será así en sus vidas de adultos.

Nuestro reto de hoy, entonces: evitar la Hiperpaternidad.