¿Qué está pasando?

Entre la cultura de los satisfechos y los excluidos, ¿cómo hacer para que todos seamos parte del desarrollo?

ANALIZANDO LA ACTUALIDAD CON NELSON VILLARREAL

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AUTOR: Nelson Villarreal Durán |

Muchos filósofos apelan a los economistas para explicar las formas del desarrollo, aunque las visiones económicas no sean también ideas filosóficas, para movilizar a mucha gente, dirán los sociólogos, que los políticos buscan convencer con sus propuestas para gobernar.

La pregunta de fondo es si hoy hay utopías, fes, ideologías que produzcan el sentido englobante que puede incluir a toda/os en un proyecto de sociedad, que categorizamos como desarrollo a medida del país, lo local, los grupos diversos y las personas concretas. Emerge el factor cultura y su autonomía relativa.

Comprender que está pasando, no solo en Uruguay, con la emergencia de lo que se ha llamado los desafiliados al sistema dominante, que propone incluir, no solo los que resisten, que reaccionan de distintas formas, sino esos colectivos mal denominados Ni-NI o SIN-SIN, requiere aceptar que a políticas homogéneas y diversas hay que incorporar la variable de la construcción cultural. Sino la multiplicidad de propuestas desencadenadas en esta década repetirá el ciclo de otros programas de otros períodos que se los apropian los incluidos y los que aún tienen expectativas. El tema no es solo la vocación universalista o focalizada de las políticas, sino que efectivamente se logre tomar contacto con todos los colectivos que se generan por lo propositivo, por reacción o por desafiliación social. Lo más difícil interactuar con subjetividades que no entran en los diagnósticos.

El economista J. Galbraith, mostró que las mayorías satisfechas, o que buscan ser parte de los beneficios del crecimiento constante, se despreocupan del resto de la sociedad que ya no son mayoría. Hoy Uruguay tiene la mayor clase media de AL, el 60%, la menor pobreza, el 13%, pero el 40% no concurre a la secundaria y muchos de la/os hija/os de los satisfechos viven del redito de sus padres.

Dado que estamos ante sociedades donde los principios integradores, subjetivos y objetivos están en constante cambio y en la medida que son recompuestos fragmentariamente es probable que emerjan personas y grupos que no se sientan parte. Las políticas públicas buscan adaptarse, pero no son tan dinámicas en su respuestas, por muchos factores, entre los que se cuenta la falta de monitores de lo que sucede y marca tendencias que muestran la desafiliación social de varios colectivos que se diagnosticó que se incorporarían a través de la ampliación de derechos sociales, la educación institucional, el trabajo y sobre todo los imaginarios que producen la tracción de la inclusión a la sociedad, el mercado y al sistema de protección estatal, no logran contener. Las políticas dan cuenta de colectivos y personas más amplios o restrictivos pero sobre la base de ampliar un principio integrador, caso derechos sociales, trabajo, emprendedorismo, comunidad vecinal, que se sostiene en un presupuesto subjetivo que tiene que apelar a la educación, porque no puede dar cuenta fácilmente del cambio cultural que deja a muchos desconectados porque sienten como extraño a lo que emerge como principio integrador.

La dinámica del paradigma vigente, en la versión del progresismo, centrado en una apuesta a la sociedad del bienestar, se apoya en una economía dinámica capitalista y en un estado social de protección, pero la pata de los cambios culturales estructurales se presenta disociada para que se logren enganchar los que no se entusiasman con el valor de ser parte del imaginario de realización mayoritario.

El dilema es como se enfrenta el cambio cultural con visiones nuevas en los diseñadores y operadores de las políticas públicas que generen empatía a todos los integrantes de la sociedad, superando los mecanismos que refuerzan la cultura de los satisfechos, de la exclusión y de la desafiliación. Esto requiere de una visión prospectiva de toda/os la/s lideres a diversos niveles.